Tarta tatin con colinabo, zanahoria, naranja y tomillo

Vais a amar el colinabo, además de conocer la cocción “a la inversa” de la tarta tatin, muy emblemática en Francia.

A menudo escuchamos decir “No sé cómo cocinar este alimento” porque es menos conocido y/o aparece en una temporada corta del año. Esta vez nos acercamos al colinabo, es un bulbo maravilloso, típico del invierno.

Ingredientes

2 a 3 colinabos (unos 300 gr) 4 zanahorias El jugo y la ralladura de una naranja 25 gr de mantequilla (con sal mejor) 20 gr de azúcar 4 ramitas de tomillo 1 masa quebrada (casera mejor aún) Sal y pimienta recién molida Nota: Es mejor usar una naranja bio ya que utilizamos ralladura y azúcar de comercio justo (mejor con azúcar de caña integral o azúcar panela).  

Preparación y conversación

Pelar y cortar el colinabo en cuartos de 12 a 16. Hacer lo mismo con las zanahorias en rodajas de unos 3-4 minutos. Calentar una sartén. Agrega la mantequilla y luego dora las verduras con el azúcar, las hojas de tomillo y la ralladura de naranja. Rocía con el jugo de naranja y sazona con la sal y pimienta y cocina a fuego medio, revolviendo regularmente, hasta que todo esté bien coloreado. Precalentar el horno a 180 Cº y engrasar un molde con mantequilla (25 cm aprox.) Coloca el colinabo y la zanahoria, intercalándolos. ¡Vierte el resto del líquido caramelizado si te queda! (Ojo piensa que los elementos que vas a poner al fondo del molde son los que van a aparecer a la vista una vez que hayas dado la vuelta, así que cuida que quede bonito a disponerlos). Coloca la masa encima, bien pegada a los bordes del molde. Pincha la masa seis veces y hornear unos 30 minutos (más bien hacia abajo del horno). ¡Ha llegado de darle la vuelta a la tarta, no tengas miedo! ¡Has quitado el molde y tienes tu bonita tarta delante! Para el toque final, puedes agregar un poco de ralladura, tomillo fresco o incluso una cucharada de nata espesa y unas gotas de vinagre balsámico.

Lo que nos canta esta receta

Con esta receta de colinabo, una verdura un poco en desuso, me gustaría destacar la importancia de darle gusto, interés y preocupación a la (bio)diversidad de nuestra alimentación.
La industrialización de nuestro sistema agrícola actual dejó en el camino a muchas variedades y conocimientos más artesanales. No se trata aquí de ir en contra de una cierta innovación o modernidad, sino más bien de cuestionarnos sobre sus derivas y nuestros hábitos.
La mundialización nos permite probar una variedad importante de productos y sabores. Pero, por otro lado, estamos frente a un mundo cada vez más uniforme. LA FAO lo va revelando desde años y un recién estudio nos deja una vez más boca abierta (aunque se sitúan a una escala mundial… no hay dudas que es pertinente en Cataluña): “de las 6000 especies de plantas que se cultivan para obtener alimentos, menos de 200 contribuyen de manera sustancial a la producción alimentaria mundial, y tan solo nueve representan el 66% del total de la producción agrícola. (…)  y eso se ha venido reduciendo conforme se industrializó la agricultura, se empobreció la dieta”.
Como otro ejemplo, a los principios de los años 70 en España, había unas 380 variedades de melón. Hoy en día solo quedan 10 a 12. 

Podéis seguir la lectura sobre la importancia de consumir de temporada y local en la página siguiente.

¡Pero no podía no compartiros la pequeña historia de la tarta tatin, todo un clásico es mi país de origen, Francia.
A finales del siglo XIX, Caroline y Stéphanie Tatin tenían un restaurante visitado por muchos cazadores en Lamotte-Beuvron, al sur de Orleans, en Francia.
Un día al mediodía, esta última se da cuenta de que se olvidó de preparar el postre. Agarra las manzanas, las coloca en un molde, añade un poco de azúcar y las hornea.
Pero de repente se da cuenta de que ha olvidado lo más importante: la base de la tarta. Luego abre el horno y lo coloca encima de las manzanas. Al final de la cocción, el resultado no se ve bien, no se parece en nada a una tarta de manzana.
Para corregir su error, Stephanie le da la vuelta al postre y lo sirve de inmediato para sus clientes cazadores. El resultado es un verdadero éxito: la tarta está crujiente y deliciosamente caramelizada. 😋

¡Para acompañar esta receta con música!

Este hombre – Terry Callier – es una delicia. «My terry» me acompaño tanto. Entre folk y jazz, tiene alma y una voz bella!

¡Ayúdanos a cantar más alto!

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